La historia secreta de la Capilla del Paraje “El tatú”

Un matrimonio, un reportero gráfico y una profesora de geografía aman viajar, hacer fotos, escribir y compartir lo vivido con la idea de motivar a las personas a que puedan conocer más de la historia de nuestro país; como así también creen que es muy importante valorar a todas las personas que son el alma de esos pueblos que a tantos turistas les gusta recorrer.

“Nos gusta reconocer los pequeños y para nosotros enormes detalles, desde una fachada que estamos seguros guardan cientos de historias, hasta las personas que viven en eso mágicos lugares” expresan Carlos y María Laura quienes dejan plasmado en su fan page “Viajar en Foco” de Facebook cientos de sitios históricos entre ellos registraron el Paraje El Tatú, su historia y la obra arquitéctonica que se destaca en la zona, su Capilla.

“Sobre la Rp31 a tan solo 16 km de la ciudad de Zárate se encuentra un paraje, ese que nos atraía por su denominación y por la historia de su Capilla.
Los caminos de tierra son moneda corriente por esos pagos, como también lo son el sonido del viento, los lejanos horizontes y las historias que se esconden en sus fachadas. Grandes extensiones de campo, de un suelo productivo protagonista del desarrollo, son el lugar de trabajo de laboriosas manos.

Huellas del pasado se pueden ver al recorrer pueblos, pero este paraje tenía un nombre distinto a otros, no debía su título por el apellido de algún propietario de tierras que donara hectáreas para la construcción de la estación de tren, sino que se lo debía a un mamífero con caparazón que recorría esos campos y que en voz pampa se lo conoce como Tatú o Tatuy.
Visitar un Paraje que hace honor a una especie autóctona nos motivaba y emprendimos el viaje desde Escalada, un pueblito a 100 km de la Ciudad de Buenos Aires.

La historia cuenta que durante el período de ocupación española la denominación pampa de Tatú pasó a identificar el paraje del extenso pago de Areco que comprendía los actuales partidos de San Antonio de Areco, Exaltación de la Cruz, Zárate y Campana. Las referencias a su nombre se encuentran a mediados del siglo XVIII cuando los Padres Jesuitas, propietarios de la Estancia llamada de Areco, agregaron a los puestos existentes otro con el nombre Tatú.

Debido a las propiedades del suelo, favorables para el desarrollo de las actividades agrícolas-ganaderas, a finales de 1800 y principios de 1900, comienza a poblarse de inmigrantes, principalmente italianos. Fue así que en 1907 se instala la primer Escuela en el lugar.
Pero asume principal protagonismo el Oratorio ubicado al lado de la Escuela Agropecuaria. Se trata de Nuestra Señora de Vladimir, una pintoresca construcción que yace como escondida entre los árboles. Sobresale por su belleza mientras descansa bajo las hojas de aquellos frondosos gigantes, mientras los rayos del sol de la tarde se asoman entre las ramas y la iluminan como si fuera la protagonista de una obra. Un verdadero cuadro viviente, un regalo para la vista.

El Oratorio fue donado por la baronesa Vladimira María Juana Catinelli de von Bernard al Paraje.
La soledad parecía acompañarnos en el recorrido, aunque tal vez algún escurridizo y sobreviviente tatú carreta nos seguía con la mirada y protegía desde su “guarida” ese que sería su sitio para siempre.

El Tatú carreta está dentro de la categoría de especie “en peligro” por la modificación de su hábitat y la caza. Somos nosotros los responsables de su extinción pero también lo somos de su permanencia en la Tierra. En esta publicación deseamos que tomemos conciencia sobre la importancia de la conservación de las especies entendiendo que son indispensables para el desarrollo de la biodiversidad en este planeta”. Carlos y María Laura.