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Los papás de Fernando Báez Sosa, entre el dolor por no poder ir al cementerio y la ansiedad por una pericia clave

El dolor de los padres de Fernando Báez Sosa (18), su único hijo, será eterno. Pero por estos días este sentimiento se agudiza con la pandemia de coronavirus, ya que a raíz de la cuarentena tienen que permanecer en su casa y ni siquiera pueden ir al cementerio. La última vez fue el 19 de marzo, el día previo al decreto presidencial de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

“Para nosotros es muy triste. Era un lugar sagrado donde íbamos a pasar un rato con Fernando, rezándole con mi marido, sacando las flores viejas y poniendo nuevas, prendiendo una vela, tratando de estar en silencio un momento con él”, dijo la mamá de la víctima, Graciela Sosa (53).

Para esta semana, los papás esperan un resultado que puede sellar la suerte de uno de los ocho rugbiers detenidos por el crimen, cometido hace casi cinco meses en Villa Gesell​. Se trata de las pericias scopométricas sobre las zapatillas de los acusados, que van a determinar quién fue el que pateó en la cara a Fernando y le dejó la marca.

Estos estudios debían empezar en febrero, pero recién comenzaron el 29 de mayo en el laboratorio de la Policía Federal Argentina (PFA) en Mar del Plata.

En principio, las muestras habían sido enviadas a la Asesoría Pericial del Ministerio Público, en Junín, pero con motivo de la suspensión de actividades por el aislamiento obligatorio a raíz de pandemia de Covid-19 se trasladó todo a la ciudad balnearia.

Se trata del mismo laboratorio en el que se abrieron los teléfonos celulares secuestrados a los imputados. De allí surgieron numerosas pruebas que los incriminan, sobre todo en el grupo de WhatsApp que compartían durante sus vacaciones en Villa Gesell, llamado “Los del Boca 3”.

“Esperamos para esta semana el resultado de estos cotejos. Tiene que salir alguno positivo para poder determinar quién fue el autor, este irresponsable de las pisadas. Una de las improntas tenía valor para ser cotejada, otra no tenía suficiente claridad”, sostuvo el abogado Fernando Burlando, cuyo estudio representa a la familia de la víctima.

El objetivo de estas pericias es cotejar las huellas de las zapatillas secuestradas en la casa que los acusados alquilaban en Gesell con una impronta hallada en la cara de Báez Sosa y, a partir de esa comparación, determinar a su vez a quién de ellos pertenece el calzado.

“Hay una impronta de un calzado en el rostro de Fernando que ha quedado bien gráfica, como un pisotón con la punta. Ese dibujo se coteja mediante fotos con las zapatillas secuestradas. Y hay que determinar además, a quién se le atribuye esa zapatilla”, indicó una fuente del caso.

Para poder completar el peritaje, la fiscal de la causa, Verónica Zamboni, titular de la Unidad Funcional de Instrucción 5 de Villa Gesell, ordenó la toma de nuevas huellas plantares de los ocho rugbiers detenidos en la Alcaidía de Melchor Romero, para determinar el tipo de pisada y precisar cuál de ellos es el dueño del calzado que impactó la cara de la víctima.

“Estamos preocupados porque todo se está alargando mucho, aunque conformes con las investigaciones que se están realizando”, resume la mamá de Fernando, quien rescata que se sienten “acompañados por muchísima gente” y que “es impresionante la cantidad de personas” que les escriben “constantemente” y “están dando su apoyo de todas partes”. También de sus familias, que son de Paraguay.

Su esposo, Silvino Báez (46), aún no volvió a trabajar en la construcción, ya que esta actividad no fue autorizada en la cuarentena. “Tratamos de llevar el dolor los dos juntos. Hay días que decaemos y nos apoyamos entre los dos. Tratamos de seguir, debemos ser fuertes, no podemos abandonar a Fernando así tan fácilmente porque él ya no tiene voz para defenderse”, sostiene Graciela.

Cuando la cuarentena se flexibilice, Burlando volverá a pedir la detención del llamado sospechoso número 11, a quien ubican en la escena del crimen aunque la fiscal Zamboni nunca lo consideró como partícipe del hecho, como también que los dos imputados que fueron excarcelados vuelvan a prisión.

El jueves pasado, Graciela llamó por teléfono a Julieta Rossi, la novia de Fernando, quien cumplió 19 años. “Ella está igual que nosotros, tratando de sobrellevar el dolor, muy triste, muy dolida. No sabía qué palabra utilizar para ese día, finalmente le dije: ‘Apoyate en los lindos recuerdos, en los momentos felices con Fernando'”, comenta.

En la causa, a cargo del juez de Garantías de Villa Gesell David Mancinelli, están detenidos Máximo Thomsen (20), Ciro Pertossi (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21). Los acusan como coautores del delito de “homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas”.

Los ocho están en la alcaidía 3 de Melchor Romero, en La Plata, luego de haber sido trasladados el 12 de marzo desde la Unidad Penitenciaria 6 de Dolores, donde estaban alojados desde el 29 de enero.

A principios de junio, pericias de ADN dejaron más comprometidos a dos de los rugbiers: Cinalli, cuya sangre fue hallada en la uña del dedo meñique izquierdo de la víctima; y Benicelli, en cuya camisa había sangre suya y también de Báez Sosa.

En el caso están imputados, como “partícipes necesarios”, Juan Pedro Guarino (19) y Alejo Milanesi (20), quienes fueron excarcelados el 10 de febrero.

El crimen de Fernando fue cometido cerca de las 4.40 de la madrugada del sábado 18 de enero frente al boliche Le Brique, en pleno centro de Villa Gesell, cuando el joven fue atacado a patadas y trompadas. La brutal agresión quedó registrada por las cámaras de seguridad.

Fuente: Clarín y Télam

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