A: Narcoestado es una obra de teatro escrita años atrás que de manera casi premonitoria pareciera retratar las noticias de esta semana. Con las actuaciones de la compañía Rojo Accidente integrada por Agustina Trimarco, Belén Ribelli, Rosa Ortiz Pereyra, Eloy Rodríguez Tale, Luis Mancini, Martina López González, Fernanda Mizrahi.
Desde Zárate hacia Buenos Aires, el dramaturgo y agitaescenas Juan Seré cruza el río con una obra que se siente como ver por la mirilla del “detrás de escena” de los entramados políticos que hoy se tejen en la Argentina. A: Narcoestado es sátira, es farsa y es ‘aguafuerte’; un relato que expone sin anestesia la corrupción como fantasma cotidiano, filtrado en la piel de los barrios, en las orillas del Paraná, en el pulso del país.
Hay sangre y cuchillos, hay cuerpos que se debaten entre la ternura y la brutalidad, y un poder que no nace adentro sino que se impone desde afuera: extranjero, casi extraterrestre. Ese poder acecha el puente Zárate–Brazo Largo, vigila el río como frontera y convierte a la ciudad en pasadizo, en umbral por donde circula el mal. Zárate no es escenario decorativo: es un signo, una herida, un territorio que sostiene la metáfora.
El amor aparece como la única anarquía posible, aunque también se estrelle en el intento. Amar, en esta obra, no es un recurso ingenuo. La puesta se desliza entre la risa nerviosa y la incomodidad, entre lo grotesco y lo poético, obligando al espectador a preguntarse qué queda de la humanidad cuando el Estado se transforma en caricatura de sí mismo.
Y está el lenguaje. Esa lengua nacida en las villas, el nuevo lunfardo, que suena como un latigazo. Un vocabulario que no pide permiso. En boca de los personajes, el idioma se vuelve arma y testimonio, precisión de lo que para algunos es cotidiano y para otros un misterio ajeno. Palabras que desacomodan, que no admiten metáforas blandas porque en la calle no hay lugar para la vaguedad.
Pero es en el teatro donde todo eso cobra sentido. No como arte solemne, sino como ritual vivo: la posibilidad de atravesar pensamientos, de nombrar la podredumbre y, al mismo tiempo, volverla risa. El teatro permite que la tragedia se descomprima en humor, espejo deformado que hace soportable lo insoportable. Ese es el gesto de Seré: convertir la corrupción, la violencia y el miedo en un dispositivo escénico donde el público, aunque se estremezca, también se ríe. Y en esa risa, de algún modo, encuentra aire.
Funciones: Domingos 21 hs – Animal Teatro (Castro 561, CABA). Las entradas pueden adquirirse en Alternativa Teatral.
Escenografía de Mónica Báez con colaboración de Gabriel Mendieta y Nadia Carnet, música original de Augusto Pérez Tote, iluminación de Juan Manuel Fiori y diseño gráfico de Julia Fígoli Pérez.
