Un estudio científico internacional publicado el 14 de enero de 2026 en la revista Nature advierte que el Delta del Paraná está experimentando un proceso de subsidencia —hundimiento progresivo del terreno— que avanza a un ritmo mayor que el aumento regional del nivel del mar.
La investigación analizó 40 grandes deltas del mundo mediante imágenes satelitales y tecnología de radar de alta precisión para medir cambios milimétricos en la elevación del suelo. En el caso del Paraná, las tasas detectadas son moderadas (inferiores a 2 milímetros por año), pero el dato central es que el terreno desciende más rápido de lo que crece el océano en esta región, generando una pérdida de altura relativa.
Este fenómeno incrementa la vulnerabilidad del ecosistema frente a inundaciones, sudestadas y eventos climáticos extremos, además de alterar el delicado equilibrio entre sedimentación natural, caudal del río y dinámica de los humedales. Los deltas dependen del aporte constante de sedimentos para sostener su nivel; cuando ese proceso se modifica —por represas, obras hidráulicas o intervenciones humanas— el sistema pierde capacidad de compensar el descenso.
El informe también incluyó a los deltas del Amazonas y del Magdalena y concluyó que más de la mitad de los grandes deltas del planeta presentan algún grado de subsidencia. Para los especialistas, el monitoreo permanente y una gestión ambiental que contemple el transporte de sedimentos y el uso del agua son claves para reducir el impacto a largo plazo.
El dato vuelve a poner en agenda la fragilidad estructural del Delta del Paraná, un sistema estratégico para la biodiversidad, la producción y las comunidades que habitan su extensa red de islas y humedales.
